viernes, 12 de febrero de 2010

9ª Etapa: Portomarín-Melide

Tras visitar Portomarín, iremos andando hacia Melide. Tardaremos unas 8h 15 min. en hacer los 38.9 km. que los separa.



Historia de Melide:

Las personas que se quieren perder por Melide paseando por su zona histórica, la conocerán en primer lugar por su olor. En los hornos tradicionales del corazón del municipio se amasan cada día los melindres, los ricos y los almendrados que convierten Melide en terra doce.

La repostería tradicional es uno de los principales reclamos de este ayuntamiento, que tiene un producto exclusivo: el rico. Este dulce elaborado a base de manteca se hace notar en la zona vieja de Melide en el momento de su cocción gracias a su delicioso aroma. El segundo domingo del mes de mayo se celebra cada año la Fiesta del Melindre y de la Repostería de la Terra de Melide, que tiene siempre un recuerdo especial a los oficios artesanos que fueron formando nuestra tradición (los herreros, los zapateros, los latoneros...).

La gastronomía más dulce es, por lo tanto, un reclamo en Melide, como lo es también la tradición de detenerse a comer pulpo. Dicen las guías de turismo que esta es una de las zonas de Galicia que, sin ser costera, ofrece unas de las raciones de pulpo más sabrosas del País. Lo saben muy bien los miles de peregrinos que en su camino hacia Compostela llenan a cualquier hora del día las pulperías de la villa para reponer fuerzas.

Después de una buena comida, Melide pide un buen paseo tranquilo en el que dé tiempo a detenerse y dejarse seducir por su encanto. Encontraremos así esas piedras que fueron haciendo historia, como el crucero más antiguo de Galicia -el de la Capilla de San Roque del siglo XIV- en antiguo Hospital de Peregrinos, hoy reconvertido en el Museo da Terra de Melide y donde parece no haber pasado el tiempo si no construirse con fuerza la memoria.

El Museo se encuentra en la Praza do Covento, un anfiteatro de piedra en el que anida el sol y resuenan de una forma muy particular los sonidos de las gaitas y las panderetas con las que a menudo ensayan muy cerca los más pequeños. En esta plaza encontraremos la Pía de Santo Antón, del siglo XVII, y, a su lado, la casa consistorial, una de las más hermosas del País, que en otro tiempo fue un gran pazo.

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